Sin fecha y sin horario

Eran las 4 de la madrugada de aquel sábado de abril, la ciudad y sus habitantes sucumbían en un placentero y profundo sueño del que no querían despertar, había un absoluto  silencio, no se escuchaba el cantar de los pájaros mucho menos el sonar del viento.

Era tan contagioso aquel silencio que inundaba la histórica y hermosa ciudad, sus hermosas calles y sus majestuosos edificios los cuales durante el día el ruido en todo su esplendor se apodera de ellos, esa noche al igual que sus habitantes dormían plácidamente.

Los mares y los ríos que bañan la ciudad también dormían, un sueño y calma poco habitual los invadía, como si esa noche ellos les comunicaran que ya era la hora, ¡la hora! Si, aquella que habían elegido para su tan esperada llegada.

Una extraña  sensación la despertó exaltada, al despertar se dio cuenta de que un agua caliente corría por sus piernas, se preguntó, ¿me habré hecho pis mientras dormía?   Y es que al estar tan a gusto en su placentero sueño había olvidado el estado en el que se encontraba, por su cabeza no se asomaba la idea de que estuviese de parto.

Se incorporó, y enseguida se  dirigió al baño para verificar si en realidad era lo que había pensado, entonces fue cuando se dio cuenta de que había llegado la hora, así es, la hora de traer al mundo a sus dulces bebes, era el momento idóneo para salir de prisa para el hospital.

La ciudad seguía dormida, en el trayecto al hospital los enormes árboles que adornan los montes e impregnan con su agradable aroma  la ciudad, les sonreían al verles pasar tan de prisa, susurraban entre ellos; ya vienen ya vienen, los más grandes y frondosos les decían tranquilos, tranquilos todo saldrá bien, en la calle solo se encontraban despiertos ellos, los árboles que despertaban al sentirles llegar y el coche que iba tan feliz como si  supiese  que algo hermoso estaba a punto de pasar, y que en su interior de ahora en adelante serían  más.

Había llegado la tan esperada hora  del parto, pese a que  aún le faltaba más de un mes para dar a luz, para ese entonces solo  tenía 34 semanas y cinco días de embarazo y según la fecha prevista por los médicos era para mediados de mayo que nacerían, pero para ellos no existía fecha  en el calendario, día y mucho menos una hora exacta, cuando dicen que ya quieren venir a impregnarte con su dulzura, ternura  y amor contra todo pronóstico vienen y punto.

 

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